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Chapter 8: Lástima me dan

26 febrero 2009

Hola a todos. De nuevo sigo con la vena de tratar temas críticos y latentes en nuestra sociedad. Sí, puede que me ponga pesado, pero es de lo que quiero hablar (quizá cuando salga el nuevo CD de Hablando en Plata Squad o algún lanzamiento destacable le dedique un espacio considerable): son las cosas que considero importantes y en las que fallamos todos. Yo entre ellos, que, aunque me ponga a criticar, caigo en algunas cosas porque no soy perfecto.

No sé si es que es la mentalidad que yo tengo, o que mi cerebro se va haciendo viejo a pasos agigantados, pero…cuando miro las cosas que hace hoy la gente de mi edad, o menores, me paro a pensar un poco y pienso “¿Qué mierda de futuro nos espera a todos dentro de una o dos generaciones?”. En esas cosas me refiero a los botellones, las fiestas por cualquier cosa y, en definitiva, todas esas cosas que hacemos en exceso.

Muchas veces me doy lástima, y a la vez me da lástima el resto. Es una cosa difícil de explicar. No soy un viejo, no he hecho más que empezar a ser mayor de edad, pero desde hace un tiempo muy considerable sé que no soy como los demás. No me pirra estar en la botellona bebiendo hasta caer redondo, ir a una discoteca y ponerme de garrafón hasta las trancas o bien mezclar porros y demás cosas para acabar hecho una piltrafa en poco tiempo. Casi que me pirra más pasear por mi ciudad, ver cómo es en sí, y luego coger un cuaderno e ir apuntando lo que se me viene a la cabeza. La lástima es que, un viernes por la noche, suele pasar esto, a no ser que consigas quedar con un par de amigos para ir a tomar un par de rondas de tapas.

Seré conciso: me dan lástima todos aquellos que se ponen de beber, fumar o fumar hierba, meterse coca y pastillas hasta el culo, por el mero hecho de pasarlo bien. Una cosa tan efímera como diversión a base de droga no causa felicidad ninguna. Leía yo hace unos meses en un fotolog de tantos lo siguiente:

Instrucciones:

1 – Preparas el papel, el tabaco y el cogollo/bola

2 – Le prendes fuego y te lo fumas

3 – A ser feliz
Concreto a más no poder. Y la gracia es que cada vez más personas caen en ese juego. Como siempre, es cierto que existe la gente que odia las drogas, tanto duras como blandas, o gente que no le gustan, pero las tolera, y muy de vez en cuando prueba algo (una caña sabe estupenda de vez en cuando). Una cosa es eso, y otra estar por rutina los viernes en el Botellódromo con los colegas para emborracharse cuanto antes mejor. Si pillamos a alguna chorva, genial. Y ya lo acompañamos con un petardete o con una raya y colofón total de la noche y del fin de semana. Así podemos decir que se divierte bastante, pero que mucha gente, ya sea ocasionalmente o a menudo.

¿Quién entiende eso por diversión? Yo desde luego no. Odio las discotecas. Y odio las aglomerciones muy masivas de gente. Sobre todo cuando los ves clónicos: en el caso de las niñas, con el uniforme de: chaquetón y camisa larga de moda, vaqueros ajustados y converse all-star, sabrinas o botas; en el caso de los niños, uniformados con bambas DC, Levis Antiform y camisa, camisa polo o camisa y jersey, como ellos decidan. Por no hablar de las pijipis y los toyaquines que juegan a ser raperos y graffiteros. Mirad, podéis considerarme antisocial o lo que queráis, pero los odio. Hay excepciones que se salvan (hay muchas, quizá yo no salgo a la calle lo que debiera y por eso no las veo), pero lo que yo me encuentro un viernes o un sábado noche en mi ciudad son en su mayoría niñatos con ganas de bronca y niñatas cuyo flujo vaginal moja sus pantalones y ropa interior cual volcán en erupción. Y eso me jode.

Voy a ser claro: yo también tengo mis vicios. Me gustan los videojuegos, leer cosas decentes y no los best-sellers tipo Crepúsculo, escribir (ya sean letras, artículos u otras cosas), el graffiti, el buen cine y los paseos (las cosas en las que te hace pensar un paseo por la ciudad, con los auriculares puestos, y sin la presión de “tengo que volver a esta hora” son sólo imaginables a quien puede hacerlo). Pero eso no vende. No sé si ya lo reflejé anteriormente, pero la gente que se sale un poco del encuadre de una persona normal no triunfa.

No se te suele entender: habla del Guilty Gear, Phoenix Wright o similares a alguien común y te miran con cara rara. Les hablas de Rachmaninov, Bach, Iron Maiden o Sepultura y te pueden decir “ah si, son los heavys esos que hacen ruido y pegan gritos” o “déjame a mí de música clásica”. Y ya si cuentas algo de H.P. Lovecraft, Edgar Allan Poe, Mario Puzo o Chuck Palahniuk, prepárate para un “Odio leer otra cosa que no sea el Hola, el Nuevo Vale o similares (a las niñas de 12 y 13 años se les recomienda Bravo y SuperPop, las factorías nacionales de putillas de postín de España)”.

Salvo honrosas excepciones (y muchas de esas excepciones sois lo que algo me comentáis aquí), ni interesa la cultura, ni el arte, ni el esforzarse por comprender algo. Es, simplemente, la decantación por lo sencillo, lo que no requiere esfuerzo: el
reggaeton, el flamenco y los cuatro grupos chapuceros que ponen en la radio o en el Disney Channel (per mitidme cambiar su nombre por Little Bitches Channel); Crepúsculo, El Código Da Vinci y Harry Potter (y eso que este último quiero acabarlo de una vez); el Pro Evolution, el San Andreas y el Need For Speed; o bien cualquier película cutre que se estrena hoy en día. Y sobre todo, mucho alcohol y mucha fiesta.

¿Quién tiene la culpa? Bien, por lo pronto la presión social: sigue existiendo el mito de “tengo más huevos que vosotros porque fumo o me emborracho antes” o “soy más que vosotras por hacer esto o lo otro”. Luego, los padres, que o no tienen tiempo de preocuparse qué hacen sus hijos cuando se van de fiesta o les suda la frente lo que hagan. Y por último, nuestros gobernantes: los impuestos del alcohol y del tabaco generan pingües beneficios al Estado, que además se aprovecha de que los jóvenes no distingan la derecha de la izquierda a base de pan y circo para tenerlos contentitos, ganarse su voto y engañarlos como les salga de sus cojones con ese lenguaje “políticamente correcto” que se han montado ellos, y que sólo la gente con un mínimo de cultura desglosa y entiende como algo vacío y que se podía haber dicho en 20 palabras, en vez de recargarlo con 180 palabras sobrantes que hagan de adorno.

Finalizo el artículo de hoy, no sin antes decir lo siguiente: me doy lástima por ser yo el que cuenta esto y que me vea incapaz de, en ocasiones, ser un poco como esa gente normal, pero más lástima me dan, por no ser capaces ellos de ver ni una pizca de lo que yo veo.

PD: Puede ser que digáis que me pongo pesadito con el rap, con Toteking y demás, pero me parece una forma de cultura y de mensaje social en la música bastante más factible que otro tipo de cosas. Me entenderéis viendo el vídeo.

PD2: Espero no ofender a nadie si se siente identificado con el tema de lo de la forma de vestir y todo eso. Es una chorrada mía, pero tampoco tengo ganas de liarla por una cosa tan nimia.

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5 comentarios

  1. Mucha la razón. Estoy apunto de salir del instituto, y cada vez la cosa está peor. Y no sólo los adolescentes (aunque donde yo vivo no han demasiado cani ni putillas), sino también los niños. El colegio está paralelo al instituto. Cuando yo iba al colegio, teníamos mucho respeto a los mayores que había ‘detrás de la baya’, ahora te sientas al lado y te dicen de todo. El típico niño valiente que hace reír a los demás.

    A veces pienso donde va a ir el país en las próximas generaciones…

    También creo que es dos buenas formas de pasarlo bien con los colegas pueden ser tanto una tarde jugando al pro o al GTA o una buena excursión en bici a las montañas.

    Me gusta el Rap por sus letras, sobretodo las de crítica social, y el Metal por su ritmo y energía.

    Seguramente la canción de crítica social que más me guste es Manifiesto de Nach, y la frase: No son robots, victimas del complot de la super pop
    Y toda esa mierda fashion victim
    Niñatas que mañana mataran por hacerse un lifting
    Esa es la educacion que dais me desespera

    Y otra es la de Mentirosos, que habla de los… políticos (seguramente lo hayáis acertado antes de leer XD)


  2. he visto que te pasaste hace mil años por mi blog , o no se, jaja y hoy lo ha visto y me he pasado por el tuyo y me he laydo lo que has puesto. Y opino igual que tu y me alegro de que algien opine a si tambien. Yo no soy ni nunca he sido de ese tipo de personas, ni por asomo jaja pero lo entiendo, la verdad, creo que es por falta de personalidad, quizás, o por falta de apoyo moral o no se,… pero me siento orgullosa de ser quien soy y de no haber caido nunca en ese circulo vicioso del que tanto cuesta salir, y he ido con gente asi, y prefiero mi vida mil veces mas. Pero todos somos muy debiles a la hora de la verdad. Eso es lo que yo creo, no se que te parecerá 🙂


  3. ah! por cierto y tambien odio las discotecas jaja


  4. Prf, en parte.

    Es un hecho que la cultura se está perdiendo pero yo el tema drogas no lo mezclaría.

    Ya reflexionaremos este finde si nos vemos.


  5. Me encuentro exactamente en la misma situación que tú.

    Comenzaré diciendo que soy abstemia, y que además ninguna droga, ni siquiera un cigarrillo, ha estado jamás en contacto con mi cuerpo. Muchas veces no salgo de fiesta porque prefiero quedarme la noche entera escribiendo, y aprecio más un buen libro que una película de acción. Y sí, suelo detestar muchos best sellers; sólo aprecio los que yo llamo “Best sellers con razón de serlo”. Pongamos que… Gomorra es un best seller con razón de serlo, y Crepúsculo o El puñetero niño del pijama de rayas… pues no.

    Respecto a lo de los críos y sus fiestones… reconozco que al principio me preocupaba, pero después he descubierto que este hecho pertenece al orden natural de las cosas. Hace décadas, los criados con franco (no me molestaré en poner su nombre con mayúscula) se horrorizaban al ver que sus hijos llevaban unos horribles tejanos acampanados, predicaban el amor libre y hacían actos reivindicativos que no lograban comprender. Estos, a su vez, unos años más tarde no se podían llegar a imaginar qué iba a ser de una sociedad en la que sus hijos casi dependían del teléfono móvil. Estos, pese a no tener hijos todavía, se echan las manos a la cabeza al ver a todos aquellos que han nacido después de que “se inventase la game boy color, internet, o la psx”. Se preguntan qué va a ser de las vidas de esos pobres desgraciados.

    Es el ciclo vital. Las generaciones venideras siempre nos parecen caóticas, pero eso es sólo lo que vemos exteriormente. ¿Acaso no existimos tú, o yo, y otros cientos de miles de personas muy distintas a lo que marca la “gran tendencia”? También hay gente así entre nuestros sucesores, y es de la existencia o ausencia de estos, y no de los clónicos, de la que pienso tienes que preocuparte de verdad.

    Y los susodichos “clónicos…” acaban teniendo sólo dos desenlaces:

    1- En una de esas fiestas conocen a una “churri” con la que acabarán casados, y se verán obligados a sentar la cabeza y formar una familia. Fin.
    2- Tocarán fondo para darse cuenta de que algo va mal. Así enderezarán su camino y cambiarán sus prioridades.

    Todo es cíclico. Nosotros también preocupamos a los que tienen un puñado de años más que nosotros.



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