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Chapter 9: No se puede vivir eternamente cabreado

28 marzo 2009

Nunca una frase tuvo tanto significado.

A estas alturas, lector habitual mío, sabrás mi gusto por criticar, poner verdes y, en definitiva, tocar un poco los cojones en ciertos temas que preocupan a la sociedad (y otros que no preocupan tanto). También sabrás que soy fácilmente exaltable en estos temas, y que por lo general detesto tantas cosas en la sociedad en que vivimos que, si me ofrecieran dinero por apretar un boton para eliminar a los responsables de dichos problemas, sería yo el que lo pagaría por apretar dicho botón.

Pero ya ha llegado un momento en que la cosa no tiene tanta gracia. Resulta muy divertido, es hasta desestresante, relatar lo que pasa, aderezándolo con algún que otro taco y despotricando de lo habido y por haber: que si la Semana Santa es para mí una cosa bastante falsa, y que la mayoría de gente que está en ella (no toda) y que la apoya me parece que sólo tienen ganas de aparentar y quedar bien; que si la gente no se culturiza; que si…¿Sigo?

Puedo, pero no quiero. Hay cosas que hacen cambiar de parecer. Una de ellas es estar escribiendo el esbozo de lo que iba a ser este artículo, y tirarlo a la basura porque no es más que un montón de mierda, una burla de todo el mundo y algo que no merece siquiera que se publique ni se mencione. Además, ¿qué voy a ganar, si no es una reprimenda de unos y otros? La respuesta es nada.

No paso por mi mejor momento, y eso se nota. Aunque no se note cuando estoy en la calle, aunque hable de temas variados y consiga que la gente pase un rato agradable conmigo, yo no estoy tan a gusto. No sé si será la primavera, la alergia, los enamoramientos, el pensar mucho o lo que quiera que sea, pero desde luego voy a dejar de hacer este tipo de cosas. Si hay algo que realmente quiero mencionar y que considero importante, ten por seguro, amig@ lector/a, que lo haré saber aquí. Pero se acabron las críticas 100% destructivas. Quien quiera ser un drogadicto, que lo sea. Quien quiera ser un inculto, que lo sea. Y quien quiera ser una mala persona, puede serlo. A fin de cuentas cada uno hace lo que quiera con su vida, y está en su perfecto derecho a hacerlo, siempre y cuando no perjudique a los demás. No sé si eso cambiará mi ambiente o las relaciones con la gente que conozco. Tampoco voy a hacer las paces con gente con la que discutí fuertemente por asuntos como éste, y otros similares. Pero por lo menos me sentiré un poco más a gusto conmigo mismo.

Porque, a fin de cuentas, el odio es un lastre. Y la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado.

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One comment

  1. Lástima, era el Blog en el que leía verdades sin tapujos. Pero, creo que podrías seguir escribiendo verdades sin estar cabreado (haciéndolo quizás algo más objetivo), y de vez en cuando algo positivo (siempre que lo pienses), porque aunque lo parezca, no todo es negativo.



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