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Chapter 17: Soy esquirol

23 septiembre 2010

Un mes. No han hecho falta varios. Sólo uno ha sido necesario para crisparme de tal manera que ver a un político se me antoje como ver a un asesino en serie. Y, consecuentemente, a los sindicalistas y demás gente de su calaña. Durante el mes he tenido cosas buenas (pero la privacidad es poder, así que me quedo con él y no digo nada), cosas malas (otra vez el poder), y esto. La última movida de los sindicatos, o dicho de mejor forma, los huevones que no han dado un palo en su puta vida y viven del cuento, yendo de auténticos y de obreros pero con pisos en el centro, coches de puta madre y ropa cara: la huelga general.

No me gusta escribir sobre política porque sé que acaba pillando mierda hasta el gato. Sea del Pesoe, Pepé, la izquierda comunista, el Partido del Váter o la madre que los parió a todos. Pero me veo en la obligación. La cosa en España está muy jodida, para qué engañarnos. Si no viviera aquí me importaría un carajo, pero resulta que sí que vivo aquí, y tardaré un poquito en abandonar este país. Así que me toca los huevos. Que un grupo de tíos que se han estado rascando el culo toda su puta vida, ganando más pasta que 6 familias juntas en un año cada uno y sin merecerlo, diga que todos, sin excepción, tenemos que hacer huelga nos guste o no es para descojonarse. O mejor aún, para hacerles un bonito calvo. Me apetezca o no, ahora un grupo de chusma me va a obligar a no hacer mis cosas y a protestar contra un cabronazo que nos está hundiendo, para que luego ellos vayan barnizándosela a fin de que sus arcas estén llenas. Parecería bonito, pero no.

Es cierto, hay un cerdo en la Moncloa que está jodiendo a España entera, le voten o no, pero una huelga convocada por los mismos a los que está engrasando no va a ninguna parte. Y menos aún después de las vacaciones de verano. Qué pena me dan, que tienen que currar sin trabajar y tocando las pelotas, pero antes tienen ellos que descansar de su durísima vida de no hacer ni el huevo.

Odio a estos personajillos tan sinvergüenzas y ladrones que nos menean como si fueran marionetas. Y por desgracia, haga caso a quien se lo haga, al final el beneficiado es el mismo. Nada de que le van a plantar en la calle por una huelga. Nadie muerde la mano que le da de comer, y en este caso no será así. Y dado que haga esto o lo otro, creo que voy a hacer mis cosas. Estoy en mi derecho de trabajar, o estudiar, o meterme un dedo en la nariz y sacármelo por el ojo si me apetece . Y un montón de analfabetos furiosos, alentados por cuatro embustes y palabrejas de un mierda con demasiada labia, no me lo va a impedir.

Soy esquirol, y lo voy a ser hasta que cumpla mi objetivo y me largue de la piel de toro. Entonces, señoras y señores, politicuchos melifluos y falsos, así como vagos y falsos obreros con abundante capital en la cuenta del banco al que echan la culpa de la crisis, podrán dilatar sus anos con unas tenazas de acero hasta que se puedan meter a España por el culo.  No me importará lo más mínimo. Tampoco habrá mucha diferencia entre ahora y el momento en el que hagan esto. O sí. Porque conociéndoles, si ya se pensaba que habían tocado fondo, siempre cabe pensar que lo pueden hacer incluso peor.

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