Archive for the ‘Literatura’ Category

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La llave de todas las puertas (By Ravengoh)

4 mayo 2011

En la carrera la fatiga es normal,

Por eso hay que parar a respirar

Mira, el final es para todos igual…

Javier Ibarra, a.k.a. Kase-O (Vivir para contarlo – Violadores del Verso)

Correr es libertad. No es correr cuando escapas de alguien o de algo. Eso es simplemente escapar. Tener miedo, y por consiguiente huir. Pero es algo más que eso. Encadenarte a una rutina de correr todos los días de forma regulada es algo que te ayuda a seguir, a disfrutar de una libre albedrío que no es tal. Porque cuando se acaba, al día siguiente hay que volver a empezar. ¿Y si un día no te apetece? Te tienes que joder y apechugar. Tus músculos te lo piden. Te piden ese chute de endorfina que te hace olvidar el dolor y el sufrimiento de forzar la máquina al máximo. Esa sensación de felicidad se va al traste cuando todo está metido en un ciclo y una rutina monótona. Y la segregación hormonal no sirve de una mierda.

También depende el tipo de persona que seas y el ambiente en el que vives. Hay tantas posibilidades como vidas. Pero un día cualquiera todo se reduce a lo mismo: huir. Marcharse de un sitio porque no aguantas más el hastío de todos los días lo mismo. Una repetición de imágenes que ya conoces de memoria y que te cansan al tener que visualizarlas una y otra vez. Has caído en el sistema, y no te quiere soltar. Y por eso tu condena es repetir una y otra vez lo mismo. El eterno retorno de Nietzsche. El hombre, condenado durante su existencia a repetir los mismos errores y a vivir una vida similar. Esos errores se pueden traducir en Mercedes, Chanel, Carolina Herrera,  Moët & Chandon, Armani y una larga lista. Y es posible que cual oficinista operando incesantemente con su máquina de sumar, un día mueras y vuelvas a tu vida de otra forma sin cuestionar estas cosas. Y el ciclo seguirá hasta el fin de los días.

¿Y si un día te pasa? ¿Y si hoy empiezas a pensar que todo esto es una patraña? ¿Y si ya lo has hecho? ¿Qué sucede? Tu cuerpo cambia. Ya no eres tú quien lo pide. Tu voluntad de poder se ha evaporado porque no la usas, y deambulas de aquí para allá haciendo lo que crees que tienes que hacer. Obligaciones que te imponen y que te autoimpones porque la sociedad ha establecido un canon, y si no lo cumples estás destinado al ostracismo y a la marginalidad. Todo eso es una pelota Katamari que se va acumulando hasta que un día se transforme en una estrella. Y con una sola cosa que le añadas, con el desliz más estúpido o lo más nimio e insignificante que ocurra, sentirás una supernova. Un terremoto sacudirá tus huesos, músculos y vísceras, y llegará a tu procesador, al cerebro y a la mente. Y las emociones no se podrán controlar.

Harás algo de lo que te arrepentirás. Lo negarás. Pensarás que tú llevas razón. Y escaparás. Correrás como nunca has corrido, de una forma desesperada, sin medir los tiempos y sin cuidado alguno de lo que haya a tu alrededor. Y por más que corras y te canses, la única sensación que sentirás es dolor. Dolor en tu corazón por la presión que le das al correr y forzarlo. Dolor en tus piernas por darles tan poco uso, y de repente proporcionarles todo el trabajo que no han tenido en mucho tiempo. Y dolor en ti. Porque no alcanzarás lo que soñaste. Una playa al atardecer, de arena virgen y sin profanar, sólo mojada por las pequeñas olas, el cielo teñido de púrpura por los últimos rayos de un sol sin terminar de desaparecer. Una grata sensación de calma, un gran espacio en el que estar.

Cuando viste toda la escena, quisiste correr. Porque salió de ti. A paso ligero primero, porque pensaste que era algo bueno. Cuando viste que no te cansabas y que podías apretar un poco más, lo hiciste. La playa no tenía fin. Y aceleraste el paso hasta correr. Hasta mover tus piernas a una velocidad que nadie habría imaginado, ni siquiera Carl Lewis o Usain Bolt. Hasta sentir que los pulmones casi se te salían por la boca. Con cada paso, todo tu cuerpo se estremecía, y todo lo que te preocupaba en tu vida normal, incluso la progresiva dureza de tus huesos, se desvanecía. Sólo eras tú y un terreno infinito para ti. Un lugar donde podías hacer lo que quisieras. Y corrías por placer. Por el mero hecho de saber que podías hacerlo, y que sabías que te resultaría placentero. Te quitaste los zapatos y corriste con los pies descalzos, como en los mejores días de la infancia. Ni siquiera te importó cuando la noche cayó, con el cénit plagado de estrellas y una gran luna gris. Seguiste corriendo en la medianoche de tu mundo perfecto.

Por eso sufres ahora. Porque corres para huir de tu destino. Y porque sabes que, hagas lo que hagas, no podrás escapar. No lo haces por placer, eso sólo era en tus sueños. Por eso has de sentarte y descansar. Al fin y al cabo, tu final va a ser el mismo que el de los demás. Hasta que eso ocurra, tú que ya has visto la verdad, te harás una única pregunta. No evitará tu destino final, pero sí una eterna esclavitud, porque será la llave de todas las puertas que, al abrirse, te darán las respuestas.

¿Por qué?

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I would prefer not to (by Ravengoh)

27 marzo 2011

Esto es el fruto de una colaboración con el colectivo Artwarriors. A falta de que todo se concrete y salga en un libro en PDF (que pondré en cuanto ellos publiquen), dejo mi relato para que quien se interese pueda leerlo.

No he vivido mucho, y tampoco creo que vaya a durar mucho más. No merece la pena pelear por algo en lo que no se cree. No queda ni un leve atisbo de esperanza cuando miro por el caro y doble acristalamiento que es mi ventana. No sirve para nada. Su calidad y limpieza casi inmaculada son horribles. Muestran imágenes que me provocan espasmos. Imágenes reales junto a mis recuerdos y pensamientos, proyectados en el vidrio, creando una visión de horror. Algo que ninguna pesadilla puede provocar.

Estoy en mi habitación, sentado frente a un pequeño escritorio en mi silla de siempre. Dura y fría como una noche de invierno en una arboleda de montaña. Como la vida. Los folios están esparcidos, un par de bolígrafos mordisqueados por mí yacen dispersos en la madera de color caoba. Todos carentes de tinta, igual que las hojas incorruptas. Están en blanco, salvo por las líneas que las atraviesan. Rayas de color gris, representando la escala de la vida misma. Cuando era pequeño, la vida se teñía de blanco y negro. Y al crecer, todo se tornó de un gris indescriptible, difícil de discernir, como el bien y el mal. Como los verdaderos sentimientos e intenciones de las personas. No puedo identificarlos de la forma en que debiera hacerlo para sobrevivir. Por eso estoy aquí. Aunque preferiría no tener que hacerlo.

El sol se marchó. Ahí está el cielo, negro como una fosa séptica, y cubierto de nubes. Ni un tenue rasgo de la luna. Las luces de las farolas en el exterior muestran muchas cosas. La historia de las rejas. La de la noche en la sala número trece. Rein, raus. Y el asfalto casi se funde con la acera. Sólo veo oscuridad en ese alquitrán, y un blanco que en su momento fue puro e inocente ahora se muestra lleno de huellas de barro, vómito y basura. Un reflejo del cénit. De los no muertos que gimen y caminan rápido por una autopista, casi tambaleándose, porque tiene un fin y hay que aprovechar.

Ahora mismo veo a una de ellos, con un vestido escarlata y un bolso negro. Corre con esos tacones de color azabache, con las agujas machacando una a una las baldosas que pisan. Su cara y sus ojos oscuros y vacíos carecen de expresión. La máscara de marca que la cubre lo hace imposible. Permanezco impasible mientras detrás de ella marcha otro. Uno anciano. Apenas se tiene en el bastón de madera medio resquebrajada que le aguanta. Su cabeza es un campo de cereal recién cortado con la guadaña, y su posición parece apuntar a las marcadas posaderas de la fémina. Trastabilla, hace el titánico esfuerzo de moverse, pero su cuerpo no lo permite. Su tercera pierna se parte, y cae al sucio suelo. Antes de tocar los gélidos y grises adoquines, su corazón ya se ha detenido. Y la mujer gira un momento la cabeza, y observa la escena entera, posando su mirada en un pequeño y arrugado papel verde. Y marcha con andares automáticos hacia ninguna parte, mientras la lluvia empieza a caer, y sus gotas destrozan la claridad de mi ventana. Todo lo hace gris de nuevo.

Veo un leve reflejo en mi expresión en el cristal. La desesperación que se funde con la lluvia y las imágenes de tan terrible escena. Y pienso en un Londres de Blake. No deseaba ver estas cosas. Pero es así. Tomo un bolígrafo sin tinta y escribo en un papel “I would prefer not to“. Preferiría no hacerlo. No copiar. No hacer nunca lo que ellos hacen.

Espero que guste. Hasta la próxima.

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Guerra Mundial Z

3 agosto 2010

Hoy me he encontrado una bonita sorpresa en el ordenador. Resulta que ahora no puedo poner tildes, asi que el articulo de hoy va sin tildes. Una buena patada a la ortografia de la RAE por la que mas de uno querria cortarme las pelotas.

A lo que vamos. Hoy voy a comentar uno de mis libros favoritos. No puedo decir que sea el que mas porque miento, el libro que mas me ha gustado lo lei con 16 años, se llama Un Mundo Feliz y cambio mi forma de ver las cosas para siempre. Y como de todo tiene uno que leer y saber, nos toca ciencia ficcion. Y zombis. Por muy gastado que este el genero y por muchas peliculas basura que salgan (salvo las de George Romero y alguna pelicula salvable como Dawn of the Dead, o El amanecer de los muertos para los no angloparlantes, o 28 Dias despues), o por la tira de videojuegos hechos sobre esta base (los 3 primeros Resident Evil son obras maestras, y el Code Veronica es otro a tener muy en cuenta; del resto, mejor olvidarse), siempre hay algo que consigue innovar y revitalizar. Y este es el caso con Guerra Mundial Z, de Max Brooks.

El antecedente a este libro ya se pudo ver en la Guia de Supervivencia Zombi, del mismo autor y editada por Berenice: un interesante manual sobre como sobrevivir en caso de que al planeta entero se le vaya la cabeza y nos empecemos a hacer mistos los unos con los otros (y cada dia que pasa hacemos algo mas parecido, solo que nos cosemos a balazos o al noble arte de repartirnos ostias) a base de devorarnos. Y la obra que voy a tratar se compone de testimonios diversos de la gente que lucho en una hipotetica guerra contra los no muertos desde 2012 hasta 2025 (al final resultara que la tonteria esta de los mayas, el fin del mundo y la madre que nos trajo al mismo va a ser cierta). Cualquier aspecto o interrogante que nos vaya surgiendo conforme leamos se va desvelando.

Y engancha. Desde el doctor chino que trata al “paciente cero”, o el primer zombi, hasta el dia en el que se proclama el fin de la guerra, si le seguimos un poco la corriente al autor no podremos parar de leer. Es imposible hacer la vista gorda a todos los aspectos que nos mencionan, porque estan reflejados de tal forma en nuestra vida cotidiana que en cualquier momento nos podrian ocurrir. Vamos, que el mismo dia que nos acaban de transplantar el higado porque en España se bebe mas que los peces del villancico nos sale una infeccion y lo que mas nos apetece no es echar un polvo, sin echarle mano a quien pilles y “bailar” mientras te pegas un gustazo con su cuello.

Voy a mencionar algunos casos que me han llamado particularmente la atencion en el libro, tanto por el realismo que tienen como por la paja mental que se le tuvo que pasar por la cabeza a Max Brooks a la hora de exponer ciertos casos. Muy documentados todos, eso si. Ahi ha hecho los deberes mas que de sobra, y eso le da bastante realismo a la historia.

El caso que mas me ha llamado la atencion es el de Sharon. No por la historia que cuenta (una situacion normal en un libro de estas caracteristicas), sino por como lo hace. Sharon es lo que se conoce como “niña lobo”. Por la historia que cuenta, se puede intuir que tuvo que sobrevivir sola, sin ayuda de adultos ni de otros seres humanos. Y en el momento del testimonio, ella tiene 16 años y su mente actua como la de una niña de 4. El caso de los niños lobo es real y esta documentado, en situaciones como la de Genie. Por lo cual me parece excelente que este hombre saque a la luz datos tan interesantes como el mostrado.

El testimonio de Kondo Tatsumi es el que me parece mas surrealista. Un otaku que se pasaba todo el puto dia delante de un monitor de ordenador recolectando datos (gracias a que, por lo que describe, la educacion japonesa es memorizar datos, no razonar ni aprender). Y cuando se dio cuenta de que sus padres ya no estaban alli, que Internet se habia caido por completo y de que estaba en peligro por los zombis (agarraos que vienen curvas), ato las sabanas y se dispuso a bajar por la fachada. Hay que joderse. No se en que estaba pensando el autor, pero me rei lo mio al leer algo tan fantasioso por primera vez. Por lo demas, el resto de testimonios son bastante realistas, algunos dan incluso miedo no por los zombis, sino por el comportamiento humano (lo que cuenta Jesika Hendriks cuando se fueron a Canada, o los testimonios de Maria Zhuganova en Rusia y el caso de Corea del Norte acojona que da gusto, igual que imaginarse una vida en los subterraneos de Paris plagados de zombis da miedo de verdad).

Para los no aficionados a estos “simpaticos” seres, y para los aficionados, este libro os pica seguro. A poco que se lea, gusta seguro, y es a mi juicio un libro muy bien montado, bastante coherente y que para colmo resulta realista. Si os aburris y no sabeis que hacer, tiradle y leedlo, que seguro que el aburrimiento se os pasa.

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Yukue Fumei – 行方不明

29 noviembre 2009

El título de la entrada significa “en paradero desconocido”. Viene que ni pintado, porque llevo como cerca de un mes sin aparecer por aquí (mal hecho, pero ha habido un montón de cosas por medio, y poco interesante que contar, así que como dice Aldous Huxley, “es idiota escribir cuando no hay nada que decir”.

La cosa es que el título tiene otros dos significados. Uno de ellos viene de hace un par de semanas, cuando nos dieron una charla en la Universidad sobre las becas ERASMUS y otros tipos de becas. Estudiando lo que estudio, fuera me tengo que ir sí o sí. Y fue ahí donde se me abrieron las puertas a entrar en paradero desconocido. No para mí, pero sí para el resto. Y ese paradero desconocido se llama Capital del Este, a.k.a. Tokyo. Con la manía que tengo de hablar de Tokyo y las ganas que tengo de ir allí, fue lo que me alegró el día. Y si fallara, siempre quedarían Kyoto y Osaka, otros dos sitios bastante interesantes. Que un estudiante de inglés se vaya a Japón puede parecer ridículo, pero lo que yo haga allí seguramente esté enfocado al inglés, y de paso practicaré el japonés hablado (que lo que es en España lo veo muy difícil, incluso por Skype). Así que me va a tocar machacar y estudiar como nadie para llegar a donde quiero. Tiempo no me sobra, pero sí ganas. Vamos a ver lo que se hace.

El segundo significado que tiene es que, tal y como anuncié hace tiempo, estoy preparando una novela. Y antes de ponerme a escribirla como tal, primero quiero hacer un planteamiento sólido e ir mejorándolo para hacer algo que merezca ser llamado libro. No quiero algo al uso: una novela negra (lo que quiero hacer) no se caracteriza por ser algo al uso, pero hace falta devanarse mucho la cabeza para llegar a hacer algo interesante. De momento va el planteamiento, personajes y demás. Luego vendrá el escribir. Ojalá acabe este proyecto; seguramente sea la primera cosa en serio que acabe en toda mi vida, y desde luego quiero hacerlo. Con un buen aliño de intriga extrema, crímenes y referencias que me han influido dispersas entre las palabras de la novela, desde el black metal hasta el cine underground y la filosofía.

No sé cuándo volveré a escribir (quizá pronto, porque se acerca la Navidad y es una época que me gusta poco, por no decir nada), pero de momento seguiré a lo mío. Es decir, en paradero desconocido.

¡Hasta otra!